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Nuevas Tecnologías

Diarios Digitales


"Nunca llega tarde, ni se moja con la lluvia"
(Mike Gordon, editor de la versión On Line del Atlanta Journal de Georgia)

Desde la década del ´90 han comenzado a conocerse bajo el nombre de "diarios digitales" aquellos conjuntos de páginas en formato web que reproducían día a día las noticias publicadas por empresas de periódicos en versión papel. Las noticias impresas en hojas se convertían en texto electrónico para posibilitar su transmisión vía red informática, rápidamente y a cualquier punto del planeta.
Actualmente, las más importantes empresas dedicadas a la prensa en el mundo entero editan, además de su producto tradicional en papel, una versión digital que ya no es idéntica a la de papel; su contenido se va actualizando en periodos muy cortos de tiempo y este nuevo producto se publica en la red Internet, reproduciendo textos, fotos e informaciones para difundir y ampliar el alcance de sus publicaciones hacia un público heterogéneo y esparcido.

Antecedentes
Nacidos como fruto de variados proyectos e intentos de comunicación de información electrónica, los llamados "diarios digitales" han ido evolucionando en su formato, su tratamiento y su contenido hasta lograr el producto que al que hoy accedemos, que sigue cambiando al ritmo vertiginoso que le imponen las potencialidades de comunicación por la red.
Para buscar los antecesores de los actuales periódicos on line debemos remontarnos a fines de la década del ’70, a una tecnología denominada viewdata que comenzaba a ser, de alguna forma, el primer paso hacia la interactividad. Allí, al comenzar el servicio, aparecía un menú similar al de una página de un periódico, pero sin imágenes. A partir de esa primera pantalla el cliente podía elegir qué noticias leer y cuáles descartar. El pionero de este sistema fue la British Post Office que llegó a tener 35.000 suscriptores en 1983. Otras experiencias de viewdata se reflejan en lo que los estudiosos han dado en llamar videotex que era un sistema muy similar al anterior pero con una variante que presentaba una interfaz más interactiva. En los ‘80 surgieron varias iniciativas de videotex, tal el caso del San José Mercury News, en Estados Unidos, con su "Mercury Center", sirviéndose de América On Line, Prodigy (1987) y Compuserve (1979).
Para hacer una descripción más detallada de los orígenes de los diarios digitales puede citarse el caso de Francia. En la localidad de Saint Malo a principios de 1980, se llevó a cabo un experimento: se regalaron unas 55 terminales de videotex llamados "minitel". Estos equipos fueron muy bien recibidos por la gente, tanto, que en 1983 dicho sistema se hallaba extendido por todo el país. En 1993 había más de 6 millones de minitels conectados en Francia. Poco tardaron las empresas en darse cuenta de los beneficios comerciales de esta tecnología y fueron varios los periódicos que se lanzaron detrás del videotex; el caso más interesante es el del diario Libération que, luego de invertir en este producto nuevo que la telemática le ponía a su alcance, en 1989 ofrecía 27 servicios a través de receptores minitel, recibiendo mas de 6 millones de llamadas ese mismo año. Según la palabra de los responsables del servicio telemático de la publicación, la telemática probó ser una fuente de beneficios que permitió a Libération defender su independencia, entrar en contacto personal con sus lectores y llevar a cabo una campaña de imagen.
Otro de los antecesores del periódico electrónico es el "diario por teléfono" o "audiotex". En éstos las empresas periodísticas ponían a disposición de sus lectores informaciones varias para ser consultadas a través del teléfono. Como ejemplo en nuestro país, puede citarse el caso de "La Voz del Interior" de la ciudad de Córdoba que ofreció a sus clientes el servicio "Fonovoz". Llamando a un número determinado y marcando una clave numérica se podía acceder a todo tipo de informaciones desde las estrictamente periodísticas al estado del tiempo, el horóscopo, trámites en general, humor y otros servicios. Existían 27 categorías y 188 claves o temas para consultar o para dejar sugerencias a la empresa.
Finalmente, también se puede incluir entre los antecedentes al periódico por fax que consistía simplemente en el envío de una publicación, que podía ser personalizada, por medio de este artefacto electrónico.

El periódico on line
Hablar de un medio que pudiera ser leído en todo el mundo al instante de confeccionarlo sonaba demasiado futurista e ideal hace pocos años. Muchas fueron las investigaciones que se llevaron a cabo para implementar de la mejor y más útil manera el periódico electrónico.
Los comienzos deben buscarse hacia fines de los años ‘80, en Estados Unidos.
Uno de los pioneros fue el "Chicago Tribune", que en 1992 se ofrecía a través de la red America On Line (hasta pasar a Internet en Enero de 1995), junto al "San José Mercury Center".
El San José Mercury es uno de los pocos periódicos que desde sus inicios va actualizando informaciones y fotos durante el día, característica muy poca usada en los primeros años por la mayoría de los diarios digitales, que durante sus inicios sólo emitían una edición diaria.
En 1994 muchos periódicos estadounidenses habían dado ya el gran salto a los servicios informativos en línea. Entre los más destacados e importantes estaban New York Times, The Washintong Post, Los Angeles Times, Newsday, Usa Today, The Kansas City Star, The Chronicle y The Examiner, los dos últimos de la ciudad de San Francisco. La red que elegían variaba desde Compuserve, Prodigy, America On Line, Delphi o Interchange hasta ubicarse en la más popular: Internet.
En 1994 la empresa Times Mirror decidió poner todas sus publicaciones en línea. El producto se llamó Times Link y se convirtió en la versión electrónica de los Angeles Times que además difundía noticias de unas 200 fuentes informáticas así como otras publicaciones de la empresa. Siempre se mantuvo un cierto vínculo con la edición impresa al conservar el diseño de la primera página, para mantener la sensación de familiaridad con el usuario.
Si 1994 se configuró entonces como uno de los más fructíferos en cuanto al crecimiento de ediciones "on line", el `95 y el `96 se convirtieron en los años en que se consolidaron todos los proyectos que se tenían en mente hasta ese momento. Uno de ellos fue el personal journal (el "daily me" que Negroponte pensó en los laboratorios del MIT) que se hizo realidad con el servicio del San José Mercury Center y el Wall Street Journal. Este último ofrecía un servicio pago de "personal journal" con las informaciones elegidas y un menú de opciones. El paquete incluía además el envío de la edición papel del Wall Street Journal.
En el ´95 se formó en EEUU una alianza entre 8 de las 20 compañías editoras de diarios papel a fin de contribuir al desarrollo de los servicios en línea. Dicho arreglo puso de manifiesto la preocupación
prematura por darle un aura de profesionalidad y seriedad a lo que se emprendía por aquel entonces en la red.
En ciertos casos estar en la web no siempre fue una decisión pensada y planificada. Claro ejemplo son las publicaciones de San Francisco (The Chronicle y The Examiner). Debido a una huelga de trabajadores de prensa, que paralizó las rotativas, los trabajadores del diario decidieron lanzar lo que ya venían probando a modo experimental: su propio órgano de comunicación en línea, el "San Francisco Free Press…"
La empresa decidió seguir el juego e implantó también en línea su publicación, pero triunfó el diario de los trabajadores por dos motivos: porque estaba confeccionado sólo con texto sin ningún tipo de imágenes y esto lo hacía de rápido y fácil acceso, y porque no se hallaban tan extendidos los visualizadores de WWW.

Por qué en la Red
Una de las razones más fuertes por las que las empresas periodísticas decidieron entrar al mundo ciberespacial es el simple hecho de "estar en la red". Nadie quiere quedarse fuera. Esta sencilla respuesta se mueve detrás de una motivación poderosa y eficaz como es el estar en la vidriera de una autopista que puede ser transitada por millones de personas concebidas como público potencial del producto expuesto. Para la mayoría de los grupos editores no estar en Internet significa no existir.
..."El objetivo de Clarín Digital en la red no es tanto económico. Mejor dicho, no es nada económico. Es un objetivo institucional y una apuesta al futuro. Además, era inevitable la presencia del mayor diario de habla hispana en Internet. Tan simple como eso. Cualquier otro diario podría no estar, pero si alguien del exterior busca un diario argentino, busca primero Clarín". (Ernesto Cambursano, editor responsable de Clarín Digital)
Otro de los impulsos que llevan a los diarios a digitalizarse es el de tratar de cambiar el rumbo de una empresa hacia otros horizontes, otros públicos, otras demandas que pueden oxigenar la propuesta. La red es un muy buen lugar para hacer negocios que reportan beneficios en lo absoluto "virtuales".
La posibilidad de brindar servicios vía Internet (como los clasificados inmobiliarios, por ejemplo, que facilitan enormemente la búsqueda de la casa soñada para comprar o alquilar; con la tecnología necesaria para ofrecer hasta la fotografía y un mapa de la ubicación del inmueble) ha llevado a proveedores y a empresarios a definir nuevas estrategias para sus productos que pueden ser vistos en todo el mundo ante una clientela evidentemente numerosa.
Otra razón de peso a la hora de publicar en la WWW es la de ofrecer el diario de su región a quien se encuentra en cualquier otra parte del globo terráqueo, tiene acceso a una computadora conectada a la red y está deseoso de tener noticias de su entorno natal o familiar. Tal es el caso de "Intervoz" la publicación digital del diario cordobés "La voz del Interior", que fue diseñado para gente que está afuera. Por otro lado, "La voz del Interior" abrió un canal de chat en el que se establece una "tribuna virtual" con hinchas de equipos de fútbol cordobeses que van intercambiando opiniones en la medida que van escuchando el partido por la emisión de LV3 que se pone en Internet. Un caso similar es el del santafesino El Litoral en la Red.
Por último, existe una razón fundamental e ineludible: la publicidad. Son numerosas en cada diario y podemos encontrar desde las estrictamente comerciales hasta las institucionales.
En un diario edición papel los gastos de impresión y distribución, fundamentalmente, obligan a un desarrollo amplio de espacios publicitarios en un medio en el que originariamente los espacios son reducidos. Un diario en Internet no conoce límites de espacio, característica que sumada al escaso gasto en producción de material ya procesado para la edición papel y al importantísimo número potencial de usuarios, crea el ámbito ideal para alojar publicidad de todos los colores y tamaños, animadas o multimediales, recurriendo a los no pocos recursos gráficos disponibles en la red, y permitiendo a la empresa editora anotar más de un cero al final de sus ganancias netas.

Las diferencias
Aunque respeten nombre, noticias, empresa y algún que otro elemento común al diario tradicional en su versión papel, los diarios digitales presentan un amplio abanico de nuevas herramientas que varían los mecanismos tanto de producción como de lectura.
La diferencia de base que surge más a la vista es el soporte. Esta distinción deja sus marcas en el mensaje, la diagramación, el lenguaje y el diseño. El soporte sobre el que aparecen los diarios o periódicos digitales en la red Internet supone un cambio radical en la concepción de lo que tradicionalmente conocemos como "prensa escrita".
Situados ante una pantalla o monitor apreciamos una variación total en cuanto al formato y a las proporciones de maquetación y diseño, impuestas por limitaciones esencialmente físicas, ya que el largo de una hoja digital es infinito, pero el ancho es más limitado que cualquier hoja de diario papel. Un cambio de esta característica en el canal influye directamente sobre cuestiones relacionadas con el código y el contenido, la información que se difunde.
Por un lado, el medio electrónico permite publicar una cantidad de información superior a su homónimo en papel. Los periodistas al elaborar un artículo cuentan con un volumen de información mayor al que finalmente ve la luz en un diario papel, por cuestiones obviamente físicas y en detrimento del interés general. Mas esa información descartada en el soporte papel, puede reproducirse sin problemas en la versión digital. Es posible, incluso, encontrar más información consultando números anteriores - a modo de hemeroteca - buscando antecedentes que han dado lugar a un conflicto importante.
Por otro lado, los problemas físicos de la pantalla de la computadora destacan dos problemas adicionales: el placer que brinda recorrer la publicación y sus noticias antes de una lectura más profunda. Este es un problema fundamental de las publicaciones on line, la otra cara de la moneda frente a la ventaja de la rapidez en la búsqueda digital de información. Muchos lectores compran el periódico para ser sorprendidos y no saben lo que quieren leer antes de dar vuelta la página.
Otro problema con la pantalla es que hace que la atención del lector decaiga inevitablemente, mucho más que cuando éste se encuentra frente a una hoja de papel.
Pero la principal diferencia entre el soporte papel y la difusión on line es la navegación.
Frente a la opción papel el mecanismo de navegación es conocido: se ha estudiado qué páginas se leen en primer lugar, cuál es el mapa de lectura en una hoja, qué títulos y en qué tamaño conviene escribirlos para llamar la atención del lector, en cuántas columnas debe dividirse una página para facilitar la lectura... en fin, existen en el diario de papel tantos trucos para atrapar al lector como años de vida y experiencia tiene la prensa.
Contrariamente, en las versiones digitales, los pasos del desarrollo son pequeños y torpes, guiados por el ensayo y el error, los cambios frecuentes y dudosos. Todo es aprender, experimentar, probar.
Tarea difícil frente a un lector imposible de "materializar", de observar, de congelarle movimientos y mecanismos para estudiarlos, aprender de ellos, suponer qué buscan, qué esperan.
El sistema tradicional de lectura sobre papel es relativamente rápido ya que permite obtener una idea general del contenido total de la publicación, para luego detenerse a leer con atención aquello que resulta interesante al usuario.
En cambio una publicación electrónica aporta los índices o menús , las secciones y ventanas de búsqueda en la misma jerarquía física (todas las opciones a un mismo nivel, desde la óptica del diseño), para que rápidamente el lector pueda acceder a los temas que llaman su atención.
Además, en las ediciones digitales no existe un único camino para llegar a una información determinada, sino que gracias a los vínculos y diseños modernos pueden saltearse pantallas innecesarias para llegar a una sección preferida u obtener la información deseada.
Es muy habitual en los periódicos on line tener una página resumen de cada sección en la que aparece el titular y el subtítulo de una noticia, lo que permite al lector adquirir, sin vueltas de páginas, los contenidos básicos del acontecimiento de su interés.
En cuanto a las secciones, en un medio de información escrita quedan muy limitadas por su contexto, de modo que el lector ha de pasar tantas páginas como sea necesario para encontrar lo que busca, mientras que en una publicación on line puede llegar a ella directamente e incluso por diferentes caminos o puntos de clasificación.
Finalmente, no podemos dejar pasar otro elemento fundamental de diferenciación en un diario digital: el tiempo real. En el mundo de la informática tradicional el término tiempo real servía para definir aquellos procesos que actualizaban la información tan pronto como se producían los cambios. En el campo de la información el tiempo real hace alusión a que la publicación se ha quedado obsoleta tal y como sale de la prensa, hasta que una nueva edición aparece. Este hecho marca una clara ventaja para la radio y la televisión, pero también para un diario on line correctamente mantenido y actualizado, logrando que el lector reciba en cualquier momento los últimos datos que se poseen, en el instante en que consulte la publicación. Las noticias pueden ser actualizadas instantáneamente sin límite fijo en el número de ediciones diarias o en el largo de la historia.

Diarios digitales en Argentina
A fines de 1995, principios de 1996, la gran Internet fue haciendo furor con su nuevo juguete, el web, no sólo entre los argentinos-informáticos, sino también y sobre todo, en las empresas de comunicación. La prensa parecía ser esta vez la elegida, ya que, salvando las distancias, el lenguaje predominante era el escrito, el textual. Y los diarios parecían ser los más y mejores preparados para enfrentar este nuevo desafío, ya que en los últimos años el avance de la tecnología en los procesos de pre- impresión había obligado a cambiar máquinas de escribir por computadoras en las redacciones tradicionales. Los diseñadores gráficos ya eran parte del staff y hasta los últimos retoques fotográficos se realizaban vía digital.
Y aunque distintos fueron los motivos que movieron a los diarios argentinos a lanzar sus ediciones en Internet, todos quisieron decir "presente" y aprovechar las facilidades y semejanzas para ser los primeros en lanzarse a colonizar el futuro.
En Estados Unidos, el país que más rápidamente adoptó a la Internet en su vida cotidiana, las publicaciones de papel más tradicionales ya contaban con una versión digital de sus noticias y hasta los medios regionales se iban sumando día a día con sus páginas para ampliar su universo de lectores.
En nuestro país, el pionero y gran adelantado fue, para asombro de muchos, el diario Los Andes de Mendoza que llegó a la red el 15 de octubre de 1995, aunque algunos autores afirman que el primer fue El Cronista, en 1994.
Los editores de Los Andes se basaron en una causa muy simple: atender los reclamos de sus fieles lectores, mendocinos en el exterior, que deseosos de un poco de patria y nacionalismo les demandaban una publicación que se pudiese leer fuera del país, aunque fuese con unos días de atraso.
La "red de redes" recién comenzaba a gestarse como una revolución en Argentina y en Los Andes tuvieron que vérselas en figuritas para encontrar y seguir una serie de parámetros que dijeran cómo hacer para publicar noticias en un nuevo medio.
La primer empresa que les facilitó el servicio era de Buenos Aires (Punto Ar), por ello tuvieron que intensificar los viajes desde Mendoza hacia la Capital para poder poner su trabajo en el ciberespacio. Unos meses más tarde que el diario Los Andes, aparecieron publicadas en la red las versiones digitales de La Nación y de Clarín.
La Nación On Line puso un pie en la red cuando diciembre del 1995 empezaba a nacer, convirtiéndose en el primer diario argentino de circulación nacional en entrar en Internet.
Clarín Digital, (un poco más tarde, pero con toda su artillería) fue bautizado el 10 de marzo de 1996.
Todos los periodistas y editores de medios digitales afirman que en primera instancia los diarios en Internet fueron creados para argentinos radicados en el exterior que vieron antes que sus compatriotas locales el desarrollo que en el mundo se estaba dando de los medios difundidos a través de una red.
Más tarde, cuando las empresas se seguían sorprendiendo del éxito obtenido con sus noticias y notas en Internet, se fueron dando cuenta también, a través de la corriente de ida y vuelta que se generaba entre los ciberlectores y ellos mismos vía e-mail, que tenían un gran caudal de gente que los leía en el país.
En casi todos los casos, la idea de un beneficio económico no estuvo, por lo menos en la génesis del proyecto, en la intención de los responsables.
Así es que, aún en aquellas empresas que contaban con una estrategia seria e investigada, las variaciones del diario digital se fueron produciendo con el movimiento y a medida que el nuevo producto iba creciendo. Estos cambios incluyeron acceso a servicios de distinta índole, una forma más cuidada, más gráficos, más animación, links hacia otras agencias noticiosas y periódicos, en un intento por aprovechar las numerosas ventajas de este soporte digital. Lo que permaneció igual en ambas ediciones durante mucho tiempo fue la redacción de la noticia que en la mayoría de los casos era la copia fiel de lo que se reproducía en la edición papel.
Este bajo interés por modificar el lenguaje en la red se motivó (y aún motiva) en la falta de profesionales preparados para trabajar en una nueva forma de redacción en un medio transgresor tanto por el soporte como por la forma en que el lector se apropia del mensaje allí expresado.
En la actualidad las publicaciones argentinas en la red han crecido notablemente. Además de los tradicionales diarios de alcance nacional se pueden encontrar diarios provinciales y regionales que también tienen su impresión papel. La lista se completa con publicaciones temáticas del ámbito deportivo, político, económico, judicial y misceláneas.

La Nación on line
En diciembre de 1995 nació La Nacion line, una versión del papel puesto en la "Telaraña Mundial" que se constituyó en el primer diario de circulación nacional en ingresar en la red de redes, cuando en el mundo solo había 470 periódicos con un emprendimiento similar.
Desde su comienzo, cuando el diario on line consistía en un resumen de las diez noticias más importantes de ese día (que significaron 64 KB de espacio), el site de La Nación modificó su formato en varias oportunidades y multiplicó la información difundida.
En la actualidad, este diario publica una gran cantidad de notas diarias, incluyendo la edición completa del cuerpo principal del diario papel, la mayoría de los suplementos semanales, ediciones especiales y exclusivas para la página, una amplia prestación de avisos clasificados y numerosos servicios en línea.
De la "confección" completa del diario se encarga un grupo interdisciplinario de profesionales que proyecta la redacción, comercialización, distribución, venta de publicidad y del producto.
Para realizar la edición diaria se utiliza un alto nivel de automatización que brindan dos aplicaciones desarrolladas por el Departamento de Sistemas de La Nación. El software fue creado por el Jefe de este departamento especialmente para la versión digital.
Los editores de La Nación line notaron que con el correr del tiempo su público se había diversificado: en sus comienzos se trabajaba para un lector del exterior, argentino radicado afuera, decisión planificada en función de los e-mails que recibían de ese tipo de visitantes.
Pero luego esa situación cambió y hoy existen muchos lectores dentro de las fronteras nacionales. "Hay mucha gente de las provincias que nos escribe porque recibe primero esta versión digital que la de papel, entonces nuestra prioridad ya no es la gente que está afuera. Esto obligó a algunos cambios en la manera en que se estructuraba la información, por ejemplo se incorporó la sección de "exteriores", confiesa uno de los directivos de la empresa.

Clarín digital
Mientras el Grupo Clarín hacía su entrada triunfal en Internet a través de Clarín Digital, el 10 de marzo de 1996, editores, gerentes y periodistas analizaban y calculaban alcances, repercusiones, tendencias y ecos que la propuesta tendría entre los porteños, los argentinos y el mundo ciberespacial. Todos los números y predicciones quedaron chicas.
Apenas unas semanas después los usuarios se duplicaban, los e-mails llegaban desde los lugares más insospechados del planeta felicitando, sugiriendo, preguntando.
Argentinos dispersados por el mundo tenían ahora acceso al mayor diario de habla hispana al mismo tiempo que un lector local, de manera fácil y cómoda, todo por una módica suma equivalente a una llamada urbana.
El caudal de noticias y los servicios ofrecidos por El Gran Diario Argentino en la red terminaron de asegurar el éxito y la estrategia de un medio que apostaba al futuro.
La idea de la versión digital nace cuando un grupo de profesionales contratados por el Grupo Noble comienza a trabajar en un CD para conmemorar los 50 años de vida de Clarín.
Este CD iba a ser sólo institucional, pero como los resultados sorprendieron a las expectativas la empresa decidió lanzarlo al mercado, con tanto éxito que se terminó conformando un sector de Clarín dedicado a la proyección y producción de CD con temáticas variadas.
En 1995, previa prueba con las elecciones presidenciales de un proyecto compartido con la Universidad de Buenos Aires, en el que se dieron a conocer números y resultados vía redes de computadoras; aparece la idea de introducir Internet en el amplio campo de expansión del Grupo Clarín.

Los encargados de la versión digital de Clarín son periodistas "de la nueva generación", que además de dominar el inglés o el procesador de texto de Windows, manejan el lenguaje html (HyperText Markup Lenguage), indispensable para traducir un texto en modo documento y que hacerlo visible en formato web.
Los periodistas trabajan con un programa especialmente preparado para la empresa. El periodista sólo debe ubicar el texto, respetando los espacios destinados a títulos, fotos, epígrafes y demás elementos que conforman la página digital; y revisar los vínculos que tejen la lectura del diario. Este sistema busca agilizar el trabajo de edición y automatiza el armado del diario. Por otro lado, los "diseñadores digitales" trabajan especialmente en las imágenes y el diseño de nuevas pantallas. Son los primeros en ponerse a trabajar para la edición de día, seleccionando fotos e imágenes y construyendo para casos especiales (relacionados generalmente con casos policiales) infografías fijas o animadas que permitan una mejor visualización de los datos noticiosos. Pero en general, quienes arman Clarín Digital son todos periodistas, algunos capacitados técnicamente por la empresa, pero periodistas definitivamente. Los pasos técnicos están cada vez más automatizados.

Básicamente, Clarín Digital fue dirigido en principio a lectores argentinos en el exterior pero también se consideró una amplia franja de lectores del interior del país, de ciudades donde el diario llega tarde. Como en las versiones digitales no puede hablarse de "tirada" o de venta de ejemplares o suscripción (el acceso a http://www.clarin.com.ar es totalmente gratuito), se utilizan complejos sistemas de medición basados en aproximaciones y deducciones a partir de la cantidad de conexiones al servidor de Clarín.

Si algo hizo más famoso al gran diario argentino digital que su sola presencia en la red, eso fue su batería de servicios y propuestas originales para un medio informativo.
Clarín se lanzó a la red no sólo editando la misma información que la empresa imprimía en papel, sino que además agregó videos, imágenes satelitales, fotos urbanas, audios, canales de chat y conferencias semanales con famosos del ambiente artístico y deportivo, para deleitar y sorprender al lector.
Tal concentración de innovaciones fue un "boom" para los cibernautas que buscaban un poco de diversión, pero mareó un poco a quienes esperaban encontrar en www.clarin.com.ar sólo la confiable información del gran diario argentino.
Estos servicios multimediáticos requerían de programas especiales para ser utilizados, y la empresa ofrecía también la posibilidad de "bajarlos" fácil y gratuitamente vía Internet a su computadora personal.
Pero una vez sondeados los productos en relación con su uso e interés, los editores decidieron dar prioridad a la información y a todos aquellos servicios destinados a potenciarla, a completarla y a contextualizarla.

¿Nuevo medio, nuevo espacio?
Definir a Internet en dos palabras no fue fácil. Pero finalmente diversos autores coinciden en que no es sólo un medio de comunicación, sino un espacio.
El problema hoy es encontrar un nombre para todo lo que habita en ese espacio.
Los Diarios Digitales son parte de ello, y aunque han conseguido un título, justamente "diarios digitales" aun no queda muy claro qué sustantivo puede definirlos.
Por suerte en Argentina no tenemos además el problema de los pobre estadounidenses que ni siquiera pueden llamarlos "newspaper", porque si bien son portadores de news, ya no lo hacen vía paper. En
cambio nosotros hacemos referencia con diario a una condición de frecuencia y no de soporte, por eso puede ser usado para el papel y para la pantalla.
Un diario digital tiene mucho de un diario papel en contenido, diseño, objetivos como para ser calificado "nuevo medio", pero características propias relacionadas con las ventajas del soporte tampoco nos permiten seguir hablando de un diario, así, a secas.

El problema de la financiación
En la actualidad, debido a la caída del modelo que proponía la financiación de Internet a través de publicidad, los editores buscan nuevas formas de sostenimiento de sus publicaciones digitales. En otras palabras, hoy el verdadero desafío de los medios digitales es lograr que sus contenidos dejen de ser gratuitos. De hecho, algunos medios como El Pais (España) han dejado de ofrecer gratuitamente el acceso a su versión digital en tanto otros están probando opciones intermedias, como cobrar por ciertos servicios o contenidos específicos.
En los países del primer mundo se realizan estudios para el pago por vías que no sean la tarjeta de crédito (que encuentra todavía mucha resistencia en los usuarios. Se trata de los micropagos. Se trata de cobrar por artículo pequeñísimas sumas que se paguen con una nueva moneda digital. No es un invento nuevo; conocido como DigiCash, fue planteado por el matemático californiano David Chaum a mediados de los años 80.
Esta especie de efectivo digital anónimo tiene dos ventajas naturales. Por un lado, protege la privacidad y su uso es seguro, ya que no permite la llamada doble facturación. Pero también tiene dos contras de nivel: sólo tendrá éxito si se propaga rápidamente y, sobre todo, debe ser necesariamente avalado por los bancos y los "monstruos" de la nueva economía, como Microsoft o AOL, que deben aceptarlo sí o sí, y colaborar con su difusión, cosa que hasta el momento no ha sucedido.

Otra de las ventajas que presenta el sistema de micropagos es que propone una suerte de relación directa con los lectores que quizás no paguen 30 o 40 dólares al año por una suscripción, pero es muy posible que paguen un dólar a la semana, oferta que no supone un compromiso económico a largo plazo.
De todos modos, el sistema no se extendió debido a que DigiCash quebró y vendió su patente a eCash Technologies, que, dicen, podría resistirse a licenciar su uso. De todas formas, hasta ahora pocos sitios de noticias convencieron a sus lectores, como lo hicieron los boletines financieros, de que tenían que pagar por sus contenidos, pero la tendencia parece irreversible.


Bibliografía
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